La discapacidad intelectual se caracteriza por la afectación general de los procesos cognitivos a grado tal, que impide al individuo alcanzar las habilidades necesarias para realizar las tareas que se esperan para su edad. Por ejemplo, un adecuado dominio del lenguaje o de las funciones ejecutivas.
La discapacidad intelectual debe implicar el inicio en la
infancia de déficits en ambas de las siguientes áreas:
Funcionamiento intelectual (p. ej., en el
razonamiento, la planificación y la resolución de problemas, el pensamiento
abstracto, el aprendizaje en la escuela o de la experiencia)
Funcionamiento adaptativo (es decir, la capacidad
para cumplir con los estándares apropiados para la edad y en términos
socioculturales para el funcionamiento independiente en las actividades de la
vida diaria)
La discapacidad intelectual grave se observa en familias de todos los grupos socioeconómicos y niveles educacionales. El rendimiento en las pruebas de inteligencia y de habilidades se ve afectado por el nivel socioeconómico. No obstante, estudios sugieren que los factores genéticos pueden intervenir aun en discapacidades cognitivas más leves. (Ilyas M, Mir A, Efthymiou S, Houlden H).
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